sábado, 16 de diciembre de 2017

Buscadores


Foto extraída de un artículo de Víctor García Rayo en la revista Aplausos.


No no, no es una entrada 2.0 y Google no tiene nada que ver en esto, o lo tiene que ver todo. Procedo a explicarme:

La palabra "buscadora/ buscador" tal vez no sea como definición la más adecuada pero no encuentro otra, o puede que como a aquel cubano que se las hizo pasar putas a Saritísima, "la noche me confunda" y me dote de una especial espesura que hace que en la madrugada siguiente mis dedos, que procuran escribir siempre conectados a la patata, sufran con especial vehemencia esa artritis que en pequeñas dosis quincenales va arrastrando mi existencia al abismo con un cebo denominado "calidad de vida".

Los buscadores apenas descansan, no lo necesitan porque saciar el ansia por conocer es un objetivo que jamás conseguiría una mente ociosa.

Los hay en el toro, porque todo en el toro es como la vida o todo en la vida es como en el toro.  Yo conozco algún caso y son diferentes a todo. Hay quien solo necesita dar un muletazo para sentirse pleno por unos momentos y que esa plenitud le permita vivir intensamente hasta la próxima faena y hay quien necesita ver ese mismo muletazo para sentir algo parecido, o al menos para poder seguir buscando. 

Cada encuentro con la belleza es un tránsito hacia otro estadio. La búsqueda nunca termina porque a pesar de lo que muchos pensamos, los buscadores afirman que la belleza no tiene alma, ya que si la tuviera sería infinita y dejarían de ser cazadores de instantes.

Y me diréis que  tal vez no en un muletazo, pero la belleza en un cuadro sí que perdura. Ellos no lo creen así porque para ellos la belleza es pasión efímera, es el primer impacto que provocan las cuencas aparentemente vacías de Modigliani. Lo que llega después con la recreación en las pinceladas es el sentimiento, que sí permanece. ¿No dicen precisamente que la belleza en los humanos es así, efímera? Pues tal vez sea esa la razón primigenia de su búsqueda y no lo afirmo porque ni siquiera tengo claro que lo que busquen sea únicamente belleza. Supongo que no lo sabremos nunca, o sí, pero en cualquier caso benditos buscadores porque gracias a ellos pienso un muletazo.

Y eso me hace sentir bien.

martes, 5 de diciembre de 2017

Los duendes del Arte


La jaula está cerrada y aún así, otra vez se han escapado. No es que estuvieran cautivos en la pequeña pajarera, tan solo quería que posasen una  temporada para intentar reflejarlos en un lienzo. María Dolores, que posee la más dulce y serena de las miradas, también es capaz de ver a través de ellos. Con la tranquilidad que da la experiencia y una sonrisa en el gesto, susurra:

-Ya aparecerán, no andarán muy lejos.

Ahora recuerda que el otro día estuvo José Antonio en la casa jugueteando con ellos y nunca se sabe, no es la primera vez ni será la última que al Jigarrero se le meten en la chistera, aunque al final siempre, siempre, terminan regresando al Cortijo.

Los trajo al Pino  de muy chicos el pequeño José, que después los cedió a Ignacio y éste, de espíritu generoso quiso compartirlos con Miguel, Rafael, Jorge, Federico y tantos otros. Los duendes llenaban cada estancia de la casa con su algarabía de música, poesía, pintura, escultura y toreo, mucho toreo y en las noches de estío, contaban historias disfrazados de moros bajo la luz de la luna y en las ocres tardes de invierno, cuando  ya el sol miraba de reojo, corrían a abrigarse bajo las faldas del brasero.

El tiempo pasa para todos menos para el niño eterno Peter Pan y para los Duendes del Arte que siguen cantando, pintando, recitando y sobre todo, toreando. La familia Sánchez Mejías los cuida, los venera y sigue jugando con ellos, como lo hacía el niño José, como después lo hizo Ignacio, más tarde su hijo y después Marcos.

Quien sabe si a lo mejor ya están enredando a alguno de los pequeños con el veneno del arte...

domingo, 19 de noviembre de 2017

Gato por liebre


Ayer tuve la oportunidad de asistir a un coloquio que organizó el Club Taurino de Arnedo con el matador de toros Ginés Marín. De lo que allí se habló podríamos decir que "nada nuevo sobre la faz de la tierra". El torero, mejor dicho, su forma de torear, me gusta, tiene las ideas claras, se expresa de forma concisa y coherente, pero no "engancha". Me explico: no se trata de una personalidad arrolladora que dé un titular en cada frase que pronuncia ni que ponga un énfasis especial a la hora de hablar del sentimiento del toreo. 
En la parte negativa de sus comentarios situaría una afirmación que estoy convencido de que es fruto de la irreflexión: "para desarrollar mi toreo necesito que el sitio al que voy (plaza, ciudad) me estimule". Ayer precisamente comentaba Paco Ureña en una entrevista en Tendido Cero que incluso se llegaba a emocionar toreando de salón y sé de buena tinta que no es el único. Como tantas veces afirma mi amigo Pablo, el avión del Presidente puede aterrizar hasta en el aeropuerto más pequeño. Estoy convencido de que como yo, muchos de vosotros que leéis esto habéis sentido que el milagro del toreo alguna vez se ha producido en una pequeña plaza de cualquier pueblo perdido en la geografía taurina.

Pero dicho esto, me voy a quedar con un par de comentarios positivos para el aficionado que hizo Ginés:

Por un lado resaltó la importancia de la técnica tildándola de vital hoy en día, haciendo imprescindible su entrenamiento continuo, pero criticó la ausencia de sentimiento en esas faenas que como aficionado él también ve: perfectas pero carentes de corazón, insultantemente fáciles pero carentes de armonía.

Por otro lado y  en varias ocasiones, indicó que su meta era torear despacio. Sin más, sin mayor explicación y en dos palabras: "torear" "despacio".

Como ya he dicho, para el aficionado tal vez esas palabras pueden resultar obvias puesto que se trata de algo que comentamos entre nosotros, si no a diario, sí con más frecuencia de la que sería deseable y no precisamente por nuestra culpa, pero viniendo de alguien que está "al otro lado" hay que valorarlas y mucho puesto que son toda una declaración de intenciones.

La técnica, el sentimiento del toreo y la despaciosidad (palabra inexistente en el DRAE, por cierto) podríamos decir que componen la santísima trinidad de ese misterio que buscamos cada tarde en una plaza. El orden es aleatorio porque los tres, como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son uno e indivisible. Lo que para la Iglesia es un dogma, para el hecho taurino es una aspiración, casi una quimera, porque como afirmó hace poco mi amigo Diego, el toreo ha de ser imperfecto, pero esa imperfección lo es en tanto que también es una aspiración a todo lo contrario.

Así que después de todo, parece ser que Ginés Marín ayer dejó un importante aviso para navegantes. Bastante más de medio escalafón nos intenta hacer creer algo que no es y los que ahora empiezan tienen que huir de esa ficción  para ayudarnos a seguir manteniendo viva la llama.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Ganadería de D. José Escolar Gil: Siguiendo el camino.


Es alegre, familiar, afable, educado y muy hablador. No tiene ni un pelo de tonto y tampoco en la lengua. Se lamenta amargamente de lo mal que se pican esos toros que cría con el mismo cariño con el que trata a sus nietos, que ya andan enredando y aprendiendo por la finca.

José Escolar tuvo muy claro cuando  empezó en esto cómo y dónde quería llegar. Desde entonces huye de modas, de gustos de toreros ricos y cría un toro que interesa al aficionado, con una personalidad muy definida, no ya por sus orígenes, que por supuesto también, sino por ese acento tan marcado que siempre me ha llamado la atención en todos y cada uno de sus ejemplares: seriedad y exigencia de principio a fin de la lidia, sin concesiones a la galería.

Nos contaba una de sus hijas, que la filosofía del ganadero es clara y que la "toreabilidad" pretendida por tantos hoy en día, es una mera anécdota a la hora de seleccionar. Más de cuatrocientas vacas de vientre y un número exiguo de corridas no quiere decir sino que el proceso es duro y que al final, solo llegan los mejores de entre los mejores.

Ayer pudimos ver la camada  reservada para el 2018: Madrid, Pamplona, algunas plazas de Francia y Arnedo que también tiene hecha la reseña inicial de su novillada supongo que bajo la atenta mirada de ese gran veedor que es Alberto Encinas. También disfrutamos de las prometedoras hechuras de erales y utreros que se lidiarán en temporadas venideras.

En "Monte Valdetietar" también ha llovido poco y bien que lo nota el ganado y el ganadero, pero aún así la finca nos ofrece un aspecto engañoso de verdor, por lo que no es difíciil imaginar la abundancia de pasto que disfrutarán los animales en épocas más propicias. 

Os dejo unas fotos de la visita no sin antes agradecer a las buenas gentes de la Orson acogerme como uno de ellos y cómo no, a mí querida Covadonga.




































jueves, 31 de agosto de 2017

Salvador es necesario




Siempre había pensado en él como un hombre del barroco más abigarrado en el que a la vez confluían todos los tormentos decimonónicos,  pero gracias a Simón Casas, sí, digo bien, descubrí que el alter-ego pictórico de José Antonio Morante Camacho, no era otro que el Genio Dalí, ese al que inmortaliza con tanto arte en una extraordinaria fotografía que ahora delimita y hace saber al viajero que está entrando en territorio Morante: La Puebla del Río.

¿Alguien puede imaginar que en nuestra maravillosa literatura no existiese ese otro irrespetuoso manco llamado Ramón María del Valle Inclán? ¿Acaso podríamos borrar de un plumazo las letras cucufatas de Krahe? ¿Kobi no fue la mascota del 92 como Naranjito fue la del mundial de fútbol?
A todas estas preguntas y a alguna más que omito para no cansar, la respuesta es "sí, pero...".

Los "peros" nunca son baladís y mucho menos en el caso que nos ocupa. Podríamos entender la pintura desde Goya y Velázquez hasta hoy sin nombrar a Salvador Dalí, pero nos perderíamos la obra de un genio, que no por incómodo, estúpido o aprovechado, deja de tener tal consideración. Leo en la wikipedia (me niego a denostar esa fuente) que Orwell escribió del pintor lo siguiente:

Uno debería ser capaz de conservar en la cabeza simultáneamente las ideas de que Dalí era al mismo tiempo un excelente dibujante y un irritante ser humano. La una no invalida, o efectivamente, no afecta a la otra.

Sobre los motivos de la retirada de Morante ya se ha escrito todo lo que debiera escribirse y algo más. Hay quien no lo echará de menos por ser un torero que a día de hoy sólo mataba Zalduendos y cosas parecidas. Hay quien lo borró de su mente taurina por ser el precursor de la eliminación de la  "cuesta de Las Ventas"  y también existen aficionados, como yo, que aunque podamos reconocer que como ser humano es "irritante" echaremos de menos su arte, su gracia en los ruedos, su capote, su muleta, e incluso "sus cosas".

Puede que el de la Puebla no vuelva nunca a torear porque a lo mejor no hay toros tan pequeños y presidentes tan sensibles  como los que él reclama, pero no debemos olvidar que durante estos años, el único que ha sido capaz de parar con una media esos relojes blandos de la persistencia de la memoria, ha sido él.